2 febrero, 2026

Humedales de Mendoza: Nuestra reserva de agua en el desierto

Una reflexión desde la matrícula de Agronomía del CoPIG sobre el rol de los humedales en la vida del oasis mendocino.

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El 2 de febrero se conmemora el Día Mundial de los Humedales, fecha en la que en 1971 se firmó el Convenio sobre los Humedales a orillas del mar Caspio, en la ciudad iraní de Ramsar.

La Convención Internacional de Ramsar, perteneciente a las Naciones Unidas, es el organismo encargado de proteger estos ecosistemas y de definir políticas y planes de manejo, además de aportar documentos y especialistas al declarar sitios de importancia internacional.

En nuestra provincia, donde el desierto ocupa la mayor parte del territorio, solemos mirar hacia la montaña y la nieve como únicas fuentes de vida. Sin embargo, muchas veces dejamos de lado grandes reservas del ecosistema mendocino, como son nuestros humedales. Desde la alta montaña hasta las llanuras del norte, los humedales de Mendoza no son simples zonas inundadas, sino verdaderos oasis de biodiversidad y herramientas insustituibles frente a la crisis hídrica y el cambio climático.

La provincia tiene el privilegio de contar con sitios de importancia mundial (reconocidos como Sitios Ramsar) y con reservas provinciales que conforman una red vital. Son más de veinte humedales que nos brindan agua dulce, defensa frente al cambio climático, biodiversidad de especies fundamentales para el desarrollo humano y paisajes naturales de gran valor. Frente a esta importancia para nuestra calidad y posibilidad de vida, resulta necesario alertar sobre la fragilidad de estos ecosistemas, ya que nos encontramos en un punto crítico en el que, de no tomar medidas, estamos muy cerca de perder el sistema Leyes – Tulumaya (Maipú Guaymallén y Lavalle), último complejo de humedales activo del oasis norte, considerando que las lagunas del Rosario ya se han perdido por intervención humana. Este sistema actúa como un conector ecológico fundamental, recibe aguas de lluvias y drenajes y sostiene la vida de las poblaciones rurales que lo rodean.

¿Por qué son vitales para Mendoza?

Los humedales cumplen funciones, también llamadas servicios ecosistémicos, que ninguna obra de ingeniería puede replicar por completo. Actúan como esponjas naturales al absorber el exceso de agua durante las lluvias, controlar inundaciones y liberar ese recurso lentamente en épocas de sequía, recargando los acuíferos subterráneos de los que dependemos. Funcionan además como filtros de contaminación, ya que las plantas que los componen retienen sedimentos y contaminantes, mejorando la calidad del agua que fluye hacia otras zonas. También cumplen un rol clave como reguladores del clima, moderando temperaturas extremas en una provincia cada vez más calurosa y capturando carbono, lo que contribuye a frenar el calentamiento global. A esto se suma que mejoran nuestra calidad de vida al funcionar como pulmones verdes, proveer especies útiles para la agricultura como la totora y posibilitar el desarrollo de prácticas agroecológicas gracias a la biodiversidad que aportan.

Raíces profundas: nuestra identidad cultural

Los humedales son archivos vivientes de nuestra historia. Durante más de mil años fueron refugio y sustento de comunidades originarias. En zonas como el sistema Leyes – Tulumaya o Guanacache, el agua moldeó los modos de vida, la dieta y las estrategias de supervivencia de nuestros ancestros. Proteger estos ambientes es también proteger el patrimonio cultural de la historia de Mendoza.

El desafío actual

Muchos humedales mendocinos se encuentran hoy bajo amenaza. La mala distribución del agua, la contaminación por agroquímicos y efluentes industriales y el avance descontrolado de la urbanización sobre sus bordes, están provocando su secado y fragmentación. En algunos casos, la intervención humana resulta incluso nociva para la salud, como ocurre con el corte de flujos naturales para la formación de basurales, situación que se ha registrado en lagunas del norte como Viborón, Soria y La Paloma, donde se generan focos infecciosos descontrolados.

La protección de los humedales en Mendoza -desde la inmensidad de Llancanelo hasta los arroyos del cinturón verde- no es opcional sino una verdadera estrategia de supervivencia. Resulta indispensable contar con leyes que los protejan, planes de manejo que involucren a la provincia y a los municipios, y una ciudadanía consciente de que sin humedales no hay oasis posible.